Reconstrucción Auricular

Cuando los niños nacen con ausencia de uno o ambos pabellones auriculares, entidad conocida como ANOTIA, o con remanentes de un cartílago malformado con presencia o no del orificio del oído o MICROTIA (Figura 1), es posible reconstruir la oreja mediante el uso de materiales sintéticos o con cartílagos de las costillas tomados del mismo paciente.

En el primer caso, el implante que está fabricado de un material llamado Medpore u Omnipore, se cubre de una estructura anatómica de la cabeza conocida como Fascia Temporal, para proveerle protección. Se introduce debajo de la piel de la región de la oreja, semejando un pabellón auricular con todas las características anatómicas propias del mismo. La utilización de este material produce orejas anatómicamente correctas, con un elevado nivel de satisfacción tanto de los padres como de los pacientes. Sin embargo, por tratarse de un implante inerte, está sujeto a complicaciones severas como infecciones y exposición del mismo a través de la piel, con la necesidad de retirarlo, lo cual deja una piel cicatrizada e inútil para cualquier otro tipo de reconstrucción que no sea con prótesis externas. En mi práctica de reconstrucción auricular, hemos visto pacientes que pierden su oreja por estas complicaciones 18 o 20 años después de haber sido reconstruidos.

Por otro lado, la reconstrucción auricular utilizando el cartílago de las costillas propias del paciente, puede recrear pabellones auriculares anatómicamente similares a las normales. Ya que el cartílago costal es del tipo Hialino y no Elástico como el de la oreja normal, el resultado es una oreja rígida, que no puede doblarse, pero que finalmente por ser de un tejido propio del paciente, es capaz de resistir traumatismos (A diferencia del Omnipore), y resiste también eventos de infecciones locales o exposiciones sin la necesidad de retirarlos. Por estas razones, la tendencia mundial es a favorecer la reconstrucción con cartílago costal, por encima del uso de implantes aloplásticos.

Nosotros hemos descrito una técnica reconstructiva que fija la séptima costilla por encima de la sexta, dando la forma a todas las estructuras internas de la oreja (por eso se ha difundido como: técnica 7 sobre 6). Habitualmente lo hacemos una vez que el niño cumple entre los 8 y 10 años de edad, cuando el perímetro de su tórax es igual o superior a los 64 centímetros. Los cartílagos costales se toman desde una incisión de unos 6 cm. En la cara anterior del tórax, contralateral al lado que se va a reconstruir. Una vez fabricada la oreja dentro del quirófano, se introduce a un “bolsillo” de piel disecado en la región donde se colocará el marco y se le aplica succión con un drenaje especial de manera que la piel se adhiera al marco, recreando todas las estructuras que normalmente se aprecian en la anatomía normal de la oreja.

La cirugía con frecuencia requiere de dos tiempos quirúrgicos, ya que en el primero se realiza la reconstrucción auricular, y en una segunda cirugía por lo menos 6 meses después ésta es “levantada” o “despegada” de la cabeza, para recrear el surco que normalmente vemos por detrás de nuestras orejas entre la piel del cráneo (mastoidea) y la oreja propiamente dicha.

Ya que reconstruir el orificio o conducto auditivo que lleva el sonido hacia el oído medio no es aconsejable por las frecuentes complicaciones en que estas técnicas incurren (como cierre del orificio por cicatriz –estenosis- o infecciones), la reconstrucción es meramente de carácter cosmético. La mayoría de los pacientes efectivamente oyen del lado reconstruido, pero con una caída en la intensidad del sonido de la misma manera que cuando nos tapamos los oídos con las manos para evitar sonidos fuertes, seguimos escuchando, pero con una intensidad menor. Cuando el paciente, sin embargo tiene una microtia bilateral, es aconsejable el seguimiento por un especialista del oído que determinará mediante estudios radiológicos y de audiometría si es conveniente recanalizar uno de los conductos, o emplear amplificadores del sonido que se acoplan a la cabeza mediante una “diadema”, o se integran al hueso del cráneo en forma permanente (implantes osteotintegrados).

Nos vemos pronto

Dr. Armando G. Apellániz